23.- El primer sonido
Le despertó el sol. Joder, se dijo, y giró hasta dar la espalda a la ventana por donde entraba el sol. Se había dejado la persiana subida la noche anterior. Miró el despertador: las 8:30. Ya llevaba tres cuartos de hora de propina en la cama. Un cuarto de hora más, pensó, ya total… Y programó el despertador.
Quince minutos después la radio empezaba a sonar. Tras unos segundos en los que sólo era un ruido de fondo que le impedía dormir más, las primeras palabras que alcanzó a diferenciar fueron “coche bomba”.
Hizo un leve gesto de negación-resignación mientras pensaba que si estábamos gilipollas o qué. Estaba claro que a estos tíos les das la mano y te cogen hasta el codo, o hasta el hombro. Encima tenían el morro de convocar una rueda de prensa para decir que el gobierno no entendía la palabra tregua porque se seguían deteniendo a miembros de la banda. ¡No te jode!, a ver si ahora la tregua es impunidad; tregua es que dejen de matar y de intimidar con la violencia… parece que mendigamos una tregua cuando lo normal es que no hubiese terrorismo…
Todos los atentados, con o sin muertos, dan asco, pensaba mientras se dirigía a la ducha. Corrió la cortina y abrió el agua que tardaría, según tenía ya calculado, unos veinticuatro segundos en llegar caliente. Mientras el agua corría, se acercó al espejo y se apoyó en el lavabo. Este coche-bomba tenía un punto que le jodía especialmente, y era que con él saltaba por los aires cualquier esperanza de que se superase el terrorismo con la estrategia que había adoptado el gobierno, y que compartía en líneas generales. Esta gente nunca ha estado a la altura y desgraciadamente ahora tampoco, concluyó su reflexión.
Se giró. Se acercó a la bañera y comprobó que el agua ya salía caliente. Se quitó la ropa, pasó una pierna, luego la otra y cerró la cortina. Una canción seguía sonando en su cabeza: I know you can, it’s in your lips, is in your eyes the reason…
Quince minutos después la radio empezaba a sonar. Tras unos segundos en los que sólo era un ruido de fondo que le impedía dormir más, las primeras palabras que alcanzó a diferenciar fueron “coche bomba”.
Hizo un leve gesto de negación-resignación mientras pensaba que si estábamos gilipollas o qué. Estaba claro que a estos tíos les das la mano y te cogen hasta el codo, o hasta el hombro. Encima tenían el morro de convocar una rueda de prensa para decir que el gobierno no entendía la palabra tregua porque se seguían deteniendo a miembros de la banda. ¡No te jode!, a ver si ahora la tregua es impunidad; tregua es que dejen de matar y de intimidar con la violencia… parece que mendigamos una tregua cuando lo normal es que no hubiese terrorismo…
Todos los atentados, con o sin muertos, dan asco, pensaba mientras se dirigía a la ducha. Corrió la cortina y abrió el agua que tardaría, según tenía ya calculado, unos veinticuatro segundos en llegar caliente. Mientras el agua corría, se acercó al espejo y se apoyó en el lavabo. Este coche-bomba tenía un punto que le jodía especialmente, y era que con él saltaba por los aires cualquier esperanza de que se superase el terrorismo con la estrategia que había adoptado el gobierno, y que compartía en líneas generales. Esta gente nunca ha estado a la altura y desgraciadamente ahora tampoco, concluyó su reflexión.
Se giró. Se acercó a la bañera y comprobó que el agua ya salía caliente. Se quitó la ropa, pasó una pierna, luego la otra y cerró la cortina. Una canción seguía sonando en su cabeza: I know you can, it’s in your lips, is in your eyes the reason…

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