Reflexiones del Ruiseñor de las Moscuas

08 abril 2005

9.- El vecino

Qué cosas tiene la vida. Una de las quejas más habituales de los nacionalismo, en particular el del País Vasco, son las agresiones que sufre por parte de Madrid. Ya es curioso que estas protestas nunca vengan de Cuenca o de Huesca. No sé por qué. Realmente en Valladolid tampoco nunca ha habido lamentos por que Madrid nos fastidiase; lo suyo, y lo que hasta ahora venimos haciendo, es quejarnos de nuestro alcalde, que sí que toca las pelotas un rato largo. Pero nunca es tarde, y a lo mejor deberíamos plantearnos el quejarnos, además del alcalde, del trato que nos da Madrid.
La última queja de lo que hace Madrid la ha realizado el Partido Comunista de las Tierras Vascas. Que salen para condenar toda violación de los Derechos Humanos y concretan que, especialmente, las que realiza Madrid. A mi antes esto no me afectaba, pero es que resulta que desde hace unos meses formo parte de Madrid. Así que lo siento. Pido perdón por estos siete meses de agresiones y violaciones de Derechos Humanos, no era mi intención, de veras.
Pero ya es cachondo que se acuerden muy bien de que Madrid les jode... pero pasen por medio-alto que algún vecino suyo (el del tercero, por ejemplo) sale todos los días de casa con escolta. Y todo porque ha tenido la feliz idea de ser concejal del PP o del PSOE. ¡Quién les mandaría! ¡Se les ocurre cada idea! (esto va con ironía, por si acaso). En fin, que me consta que hay agresiones injustificadas de la Policia Nacional en Euskadi, pero burros y capullos hay en todas partes. Lo cual no quiere decir que no haya que denunciar toda y cada una de los abusos de las fuerzas de seguridad. Sin embargo, me temo que hay más vecinos del tercero que viven con miedo que agredidos por Madrid; no sólo habrá más, sino que la situación de los primeros me parece bastante más grave que la de los segundos.
Todos deberíamos contribuir a calmar los ánimos para vivir dentro de una normalidad. En Huesca y en Cuenca lo han conseguido. Quizás no es tan difícil. Respetar al que piensa diferente puede ser un buen inicio. Digo.